Simuladores de vuelo, con los pies en la tierra

  • Su utilización constituye un antes y después en la formación y entrenamiento de los pilotos de aviación.
  • Ausencia de riesgo , réplica exacta de las condiciones de vuelo y rentabilidad en su utilización, sus virtudes.
  • La empresa de formación Aviation Group (Universidad Rey Juan Carlos, Fuenlabrada) imparte hora de vuelo para profesionales y aficionados.

En la actualidad existen algunas profesiones que desde sus inicios formativos y, posteriormente en el día a día, tienen como elemento principal para su trabajo la utilización de los simuladores. Los pilotos de aviación son un claro ejemplo. El uso de estas sofisticadas herramientas en la formación de pilotos noveles es una tendencia tecnológica que procura seguridad y eficiencia, amén de entrenar las habilidades críticas y en el caso de los profesionales con muchas horas de vuelo, mantener siempre su aptitud para conservar su licencia.

Aunque podríamos pensar que su empleo es reciente y que se debe al auge de la informática y sistemas complementarios, la realidad es que desde los albores de la aeronáutica ya se buscaron “soluciones” para minimizar los riesgos que la actividad aérea conllevaba. Así, ya 1910 (hay que tener en cuenta que el primer vuelo de los hermanos Wright fue en 1903) aquellos pioneros tuvieron la ocurrencia de utilizar un simple barril colgado de un marco y dirigido hacia el viento para “simular” el comportamiento de aquellos “trastos con alas”.

Durante la l Guerra Mundial se introdujeron algunos dispositivos electromecánicos para emular algunos aspecto del vuelo; pero no sería hasta el año 1929 que vio la luz el primer simulador verdaderamente funcional: el “Link Trainer”. Este diseño fue utilizado durante la ll Guerra Mundial junto al “Celestial Navigation Trainer”, un aparatoso artefacto cuyo habitáculo podía albergar a una tripulación de un bombardero para entrenar las misiones nocturnas. Un año antes, 1940, se comenzaron a utilizar las computadoras analógicas capaces de resolver las ecuaciones de vuelo.

En 1948 la empresa Curtiss-Wrigh desarrolló un simulador para el avión Stratocruiser utilizado por la aerolínea Pan America, carecía de vistas exteriores y movimiento, sin embargo reproducía todos los instrumentos con gran funcionalidad al decir de sus pilotos. Será a partir de 1977 cuando numerosas aerolíneas ya hacen uso de nuevas cabinas en donde las computadoras estaban ya instaladas.
En la actualidad, con el progreso tecnológico, los simuladores han llegado a tal grado de exactitud que a efectos de hora de vuelo, los pilotos que utilizan los FFS Full Motion Flight Simulator pueden contarse como si estuviesen en el aire.

Grandes ventajas

La capacidad de reproducción de los simuladores profesionales es tal que replican con gran fidelidad las condiciones físicas, operativas y ambientales. Sus sistemas integrados, tanto el hardware (cabinas réplicas reales) como el software facilitan recrear todo tipo de escenarios geográficos reales, condiciones meteorológicas, tormentas, rayos, engelamiento, vientos… Emergencias como fallos de navegación, motores, tren de aterrizaje, electrónicos o riesgo de colisión con otras aeronaves, fuego a bordo…

En cualquier fase de su actividad, gracias a los simuladores, el piloto puede tener un entrenamiento intensivo sin riesgo. En el periodo de aprendizaje los errores son frecuentes y poder analizarlos sin consecuencias fatales una ventaja obvia. Repetir las rutinas necesarias ante una situación de emergencia facilitan una capacidad de respuesta automatizada redundando en la seguridad y ayuda a la evolución del piloto.

Gran importancia tiene la conciencia situacional. En cabina, además de prestar atención sobre los controles es necesario mantener una atención global: instrumentos, espacio aéreo, meteorología, comunicaciones. Un buen entrenamiento al respecto permite al alumno priorizar tareas, anticiparse y sobre todo lograr la calma. La gestión del estrés, formación en habilidades blandas, como la comunicación en cabina o la colaboración con el control aéreo, son prácticas que el simulador dispensa.

Otra de las ventajas que el empleo de los simuladores ofrece es la posibilidad de efectuar un “debriefing” tras las sesiones. El instructor puede comentar y analizar con el alumno las visicitudes del vuelo y en caso necesario diseñar para él planes de mejora.

Como hemos comentado, las autoridades aeronáuticas permiten computar como horas oficiales de vuelo las realizadas en un simulador autorizado por EASA o FAA, especialmente en formaciones como ATPL (Airline Transport Pilot Licence). Para que un simulador se certifique debe poseer un realismo visual mínimo de 180 grados horizontal. Simulación exacta de los sistemas de vuelo. Respuesta real a las acciones del piloto. Valoraciones técnicas y calibraciones periódicas. De este modo, el uso de simuladores está regulado y garantiza estándares de calidad y seguridad equivalentes a los de una aeronave real.

No obstante, la utilización de estos sofisticados sistemas que ofrecen grandes ventajas, no pueden sustituir completamente a la experiencia de un vuelo. Por ello, una formación ideal combina las horas de simulación con la real del vuelo en un aprendizaje en progresión que garantiza las habilidades y la seguridad. Además los simuladores son aliados clave para la sostenibilidad al cumplir los objetivos medioambientales y de rentabilidad. Una hora con “los pies en el suelo” supone un gran ahorro económico y de emisiones.
“Volar” en Madrid.

Sí ya eres piloto en formación o profesional preparando un acceso a compañía, la empresa de formación, Aviation Group, en sus instalaciones del Campus de la Universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada, ofrece una propuesta adaptada a tus necesidades. También si eres un apasionado de la aviación podrás optar a una sesión con instructor en uno de los dispositivos con cabinas tipo A320 yB737, con especial mención al moderno B737 AG diseñado para el entrenamiento profesional ¡¡La emoción de “Volar” ya está al alcance de cualquiera!!